Sentencias 2.0 en Chile, cuando los jueces toman el micrófono y las máquinas aprenden de su dictado

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A través de la Corporación Administrativa del Poder Judicial se instaló en todos los tribunales del país un nuevo sistema de reconocimiento de voz y transcripción automática que ayudará a agilizar el trabajo de los magistrados.

Por Cristián Yáñez W.

Las puertas se abren e ingresan los protagonistas a la sala de audiencia. Se trata de un juicio sobre paternidad no reconocida, en el tercer Juzgado de Familia de Santiago de Chile, donde participan la querellante con su abogada, el demandado y la magistrada junto a su fiel colaborador, el redactor, un rol que acá es conocido como “el acta”. El lugar es pequeño. Hay cuatro mesones donde se instalan los participantes, más uno que corresponde a la jueza a cargo, Claudia Madariaga, ubicado a poca distancia de una bandera chilena que simboliza que estamos dentro de un poder del Estado.

La abogada querellante ha expuesto que el demandado no ha reconocido a un supuesto hijo, así que Madariaga, luego de lanzar preguntas de contexto a ambas partes, indaga en las razones del demandado para no haberse efectuado un examen de ADN que confirme o descarte su paternidad. El demandado no tiene mucho que decir. Solo una débil e impresentable frase: “por falta de tiempo”.

Tras un proceso de cerca de 30 minutos, la magistrada va a dictar la sentencia. El demandado y la querellante aguardan expectantes. La jueza se acerca al micrófono y comienza a dictar el desenlace, pero a diferencia de lo que hemos observado hasta ahora en el Poder Judicial chileno, “el acta” parece no inmutarse. ¿Una huelga de brazos caídos? No, el redactor, con total tranquilidad y sin hacer ostentación de la rapidez de sus dedos esta vez, teclea en su computador solo de vez en cuando, e incluso tiene tiempo para revisar el celular y responder mensajes. Todo un lujo ahora que en su trabajo han implementado un software de reconocimiento de voz que permite transcribir en línea lo que va diciendo la jueza, a través de un micrófono conectado a su computador. El software, Dragon Naturally Speaking, propiedad de la compañía norteamericana Nuance Communications, no lo ha dejado sin trabajo y se podría decir que es su nuevo mejor amigo. 

El sistema Dragon Naturally Speaking es capaz de reconocer voz en un dictado y traspasarlo a un texto escrito; reconocer comandos de voz hablados y transcribir desde un audio (en formato mp3, por ejemplo) a texto. Además, permite crear perfiles de usuario. Mark Geremia, vicepresidente y gerente general de Dragon Professional and Consumer, afirma que prestan servicios a profesionales de diversos sectores, además del judicial, como en finanzas y atención médica.

“El software permite a los profesionales de todas las industrias centrarse en hacer su trabajo y no en tediosos trámites”, destaca. Un testigo del tedio que ha quedado atrás es el jefe de proyectos de la Corporación Administrativa del Poder Judicial (CAPJ), Manuel Cordovero, quien cuenta que el audio de lo que dictan los jueces es grabado y transcrito de inmediato en un documento en formato Word. Y agrega otro detalle: “si la jueza dijera palabras como negrita, cursiva, punto, coma, punto aparte, nueva línea o nuevo párrafo, esas instrucciones se agregan dentro del mismo documento, que puede quedar listo de forma instantánea”. Otra ventaja, comenta Cordovero, es que el juez puede también decir, “por ejemplo, equis valor, después del nombre de una persona, que puede ser el número de cédula o su dirección, y lo va llenando...” mientras lo dicta.

Plan piloto 

Con este sistema de reconocimiento de voz, el Poder Judicial de Chile se coloca a la vanguardia latinoamericana. Es la primera vez que se utiliza en la región una solución que además permite transcribir actas, solicitudes de peritos y cualquier indicación que pueda ser emitida durante un juicio. 

Pero ¿por qué se eligió este sistema? Ricardo Guzmán Sanza, director de la CAPJ, explica que se evaluaron distintas alternativas, cercanas al Dragon Naturally Speaking, y se vio finalmente que esta era la que más satisfacía las necesidades del Poder Judicial. “Este producto no contaba con representación directa en Chile, por lo cual la gestión de compra se hizo directamente con el distribuidor oficial autorizado del producto para España y Latinoamérica”, detalla, una fase inicial en la que para instalar el software se invirtieron aproximadamente CL$90 millones (más de US$136 mil) en la adquisición de 450 licencias, cifra que permitió que el software esté instalado en todas las jurisdicciones del país, con al menos una licencia, aunque su implementación comenzó con un plan piloto en la Corte Suprema y en la Corte de Apelaciones y los Tribunales de Familia de Santiago.

Según información que entrega Guzmán Sanza, actualmente en el país se efectúan cerca de dos millones de transacciones diarias, se ingresan más de 50.000 escritos y 400.000 documentos de manera electrónica en la Oficina Judicial Virtual (OJV) del Poder Judicial (que funciona las 24 horas todo el año). Y es por esta enorme cantidad de trabajo que se pensó en recurrir a un sistema tecnológico. 

El director explica que para su uso se capacitó de forma remota al personal del departamento de Informática de cada una de las jurisdicciones, para que estos profesionales pudieran instalar el software. También se está trabajando en cursos en línea para los jueces y funcionarios, a través de la plataforma de la U. Virtual del Poder Judicial, en los niveles básico, medio y avanzado. “El objetivo es que las personas conozcan el software y puedan darle el mayor uso posible”, comenta Sanza.

Sistema que aprende 

Para Pamela Pérez, magistrado de asuntos de Familia, en la ciudad de La Serena, el desafío de usar “el Dragon” no ha sido un escollo. “Lo utilizaba desde antes que se instalara en el tribunal. Hacía mi trabajo con este programa, pero en la actualidad los que realmente lo emplean son los funcionarios, particularmente el de acta”, comenta la jueza. Y es cierto, a través de los antiguos redactores, también ahora responsables del texto final, es que el sistema logra su mejor virtud, aprender a través de sus perfiles de usuario y alcanzar el campo de la Inteligencia Artificial (IA), aprendiendo en el camino. Cordovero lo ejemplifica: “Por ejemplo, yo al principio decía Rancagua y el software escribía Dalcagua. Pero luego lo repetía y lo deletreaba, y el software ya la transcribía bien, porque logra percibir cómo yo pronuncio”. 

Oscar Clavería, ministro de la Corte de Apelaciones de Antofagasta, es otro de los magistrados beneficiados con esta transformación digital. Explica que normalmente cuenta con digitadoras a las que le dicta los fallos, pero está sujeto a sus horarios de trabajo, por lo que “cuando debo hacer una sentencia muy compleja, en cuanto al volumen, y debo trabajar fuera del horario de las secretarias, lo uso”. Y añade otra gracia del sistema: “Las palabras difíciles o los galicismos. Hay una forma para ingresar estas palabras y que luego las reconozca fácilmente (el programa), incluso apellidos complicados”.

El nuevo “acta” 

Máximo Fredes es uno de esos hombres nuevos del Poder Judicial. Acaba de darle un gran respiro a sus manos con este adelanto tecnológico. 

Fredes es el “acta” del Tercer Juzgado de Familia de Santiago, y está contento con el nuevo sistema de trabajo, porque atrás han quedado esas largas jornadas nocturnas con sus compañeros, transcribiendo a partir de los audios de los magistrados, para dejar todo correctamente para el día siguiente, y que los abogados pudieran tener un conocimiento acabado de lo que había sucedido en la audiencia preparatoria o de juicio. En cambio, ahora “este nuevo sistema es mucho mejor que el otro, porque a uno le permite hacer otras funciones, como la preparación de audiencias próximas, calcular estadísticas, gestionar peticiones de abogados, entre otras. “Este sistema nos ayuda mucho, porque registra el 90%. Luego nosotros solo tenemos que agregarle puntos, ver que no tenga muletillas, revisar que estén bien puesto los nombres, lo mínimo”, resume Fredes, echando por la borda la amenaza de despidos de los redactores producto de la entrada de esta tecnología de reemplazo.

Imprevistos 

El sistema, a pesar de ser avanzado, no está exento de errores. Mientras la jueza Claudia Madariaga dicta sentencia sobre el caso de paternidad, ocurre lo inesperado. “Espere un poco magistrado, tenemos un problema”, advierte Fredes, quien está de turno en la sala. El software dejó de grabar y la jueza debe suspender su oratoria por unos minutos. Pero rápidamente una persona, parte del equipo técnico que está en la audiencia, soluciona el fallo. “Ahora puede seguir, magistrado”, le informan. Y el juicio continúa con la sentencia, donde finalmente se establece que el niño es hijo del demandado. 

Ese tipo de desaguisados serían poco frecuentes, según relatan los jueces consultados por AméricaEconomía. Y Madariaga comenta que los errores no generan un mayor problema, ya que “los actas” tienen la ventaja de contar con un segundo sistema de grabación, una clásica grabadora. “A veces nos ocurre que se nos cae el sistema y ellos me dicen estoy parado, no podemos grabar con el sistema computacional, pero tienen la grabadora, entonces, tienen su respaldo”, cuenta. 

El tipo de sala también juega un rol importante en la eficiencia del sistema, según Cordovero. Por ejemplo, en un lugar con mucho ruido puede que el software no registre todo lo que dice el juez. “Pero nosotros fuimos a la Corte Suprema, donde las salas son súper buenas, porque son herméticas acústicamente, y el sistema transcribe perfecto”, sentencia.

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